Arcillas, más que un exfoliante natural

Es cierto que una de las propiedades más conocidas de las arcillas es su capacidad exfoliante, pero  reducir sus beneficios únicamente a eso es como decir que el agua sólo sirve para quitar la sed.

Dentro de ese fino polvo hay muchos componentes beneficiosos para nuestra piel que se han utilizado desde siempre. Están cargadas de minerales y oligoelementos que regeneran nuestras células y nos descongestionan, depuran, refrescan y calman. Algunas arcillas tienen efecto cicatrizante y reestructuran el colágeno, son antisépticas, tienen efecto antiinflamatorio y eliminan toxinas y bacterias.

¿Pero de dónde sacan todo este arsenal de beneficios para la piel?. La respuesta es  de la tierra. Las arcillas proceden de rocas ricas en un mineral llamado silicato de aluminio y después de ser extraídas se  secan  al sol para mantener y potenciar sus propiedades.

Aunque su origen sea común, las arcillas son tan diferentes entre sí como una pera de una manzana.  Y tendrán diferentes nombres, colores y propiedades dependiendo de si el silicato de aluminio que las forma, se ha mezclado o no con otros minerales.

Si el silicato no se ha combinado con ningún otro mineral, el resultado es la arcilla blanca o caolín. Esta es la más suave de todas y posee todas las propiedades de las arcillas: calma, desintoxica, depura, desinflama, desinfecta, nutre y remineraliza.

Cuando el silicato se ha combinado con otras rocas y oligoelementos entran en juego: la montmorillonita o arcilla verde, considerada la más rica en oligoelementos, y que incluye a la bentonita,( llamada así por el lugar del que se extrae: Fort Benton , en Estados Unidos); la arcilla roja, que contiene gran cantidad de óxido de hierro.; la arcilla amarilla, o la sugerente arcilla azul de Transilvania.

Por supuesto, las arcillas también se pueden combinar entre sí, para crear compuestos que conservan todas las propiedades de las arcillas combinadas. La más conocida es la arcilla rosa, que nace de la combinación de la blanca y la roja, en proporción de 2 a 1.

En general todas ellas, sean del color que sean, absorben el exceso de grasa de la piel y tienen poder de adsorción, es decir, de atraer y neutralizar toxinas, además de funcionar como excelentes regeneradoras celulares.

Hay quien lleva su pasión por las arcillas hasta el punto de usarlas también para uso interno, como forma de reactivar las mucosas del aparato digestivo, aunque la medicina tradicional se muestra poco partidaria de este uso.

Lo que es incuestionable es el beneficio que las arcillas producen sobre nuestra piel, una forma excelente de aprovechar lo mejor de la tierra para nuestro cuidado.

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