El jabón hecho con agua de iceberg

El 90 % del agua dulce del planeta se acumula entre el Ártico y la Antártida en forma de icebergs. La calidad y pureza del agua contenida en ellos no es comparable a ninguna otra, porque ha permanecido protegida en los glaciares desde hace miles de años, preservada de cualquier tipo de  contaminación.

Además es una fuente renovable porque las nevadas van regenerando los glaciares que, al avanzar unos pocos centímetros diarios, van desprendiendo grandes bloques de hielo en la costa cada primavera.

Las poblaciones locales  recogen desde hace siglos los fragmentos de hielo que llegan a sus costas, sabedores de la pureza de este agua.

Pero para nosotros, la decisión de utilizar agua de iceberg en la elaboración de nuestros jabones, se justifica con criterios que van más más allá de la innegable calidad de este agua.

Los icebergs, además de ser una fuente natural de agua pura, se han convertido en un símbolo del calentamiento global. Desde hace tiempo la balanza de los glaciares es negativa y se pierde más hielo del que las nevadas acumulan. Se estima que en los últimos 30 años la capa de hielo flotante se ha reducido a menos de la mitad.

Podríamos entrar en teorías sobre el porqué de este proceso , sobre si el calentamiento global es causado por la acción del hombre o simplemente son los ciclos climáticos de la tierra los que están provocando esta situación.  En Inuit creemos que las emisiones contaminantes y el uso de combustibles fósiles y de técnicas de cultivo intensivas, tienen un efecto negativo en el planeta, pero en cualquier caso nos parece más útil centrarnos en cómo podemos colaborar para mitigar un problema que nos afecta a todos, y que las comunidades del Ártico son las primeras en sufrir.

Utilizar agua de icebergs en nuestros productos también es una pequeña ayuda a la sostenibilidad de estas comunidades del norte del planeta.

La costa de Terranova ha sido históricamente rica en pesca. En el siglo XVI  ya se capturaban ballenas pero empezó a ser explotada sobre todo tras la Segunda Guerra Mundial, cuando la pesca masiva empobreció los caladeros del Gran Sol, reduciendo al mínimo los bancos de merluza atlánticos. En las costas canadienses abundaba el bacalao hasta el punto de que comenzó a conocerse como el “Gran Banco”. Desde finales de los años 40 barcos de todo el mundo hicieron allí sus pesquerías, a ritmos de cien toneladas de capturas por nave al mes. Esta situación se mantuvo  hasta que en los 70 las autoridades canadienses ampliaron sus aguas territoriales a las 200 millas, en un intento de alejar flotas foráneas.

Pero ya no había vuelta atrás y a mediados de los 90  no quedaba pesca suficiente ni para los bacaladeros locales. Sólo en Terranova 40.000 de ellos se quedaron sin empleo. A esto hay que unir el hecho de que la temperatura del agua empezó a subir y la pesca desapareció para buscar otras latitudes más frías. El colapso del sector movió a algunos pescadores canadienses a adaptar sus barcos para arrastrar los icebergs que el calentamiento de las aguas estaba acercando a sus costas, a ritmos de  hasta 600 icebergs cada primavera, desprendidos del glaciar Petermann de Groenlandia.

Estos icebergs desprendidos suministran a empresas canadienses que embotellan el agua para su consumo o la usan en la elaboración de vodka puro.

Y, ¿cómo acaba parte de uno de esos icebergs del Ártico en nuestros jabones?

Pues obviamente con un viaje muy largo y que ha supuesto un reto en muchos sentidos.

Cuando estás absolutamente convencido del beneficio de algo, salvar los obstáculos forma parte del proceso.

Para nosotros el primer reto es encontrar suministro estable de agua de iceberg en estas latitudes (y no pidiendo cantidades industriales). Pero el más importante es  asegurarnos que nuestra contribución a equilibrar el medio ambiente y sostener las comunidades del ártico, no supone un agravamiento del problema por la contaminación generada en su viaje por mar.

Por suerte,siempre hay una forma honesta de hacer las cosas.

El transporte marítimo supone entre un 3% y un 5% de las emisiones de CO2 totales. No parece una gran cifra, pero aun así el objetivo debe ser reducirlo al máximo. Y entre las compañías que se dedican al transporte por mar ha calado también esta idea, generándose en los últimos años lo que se conoce como navegación lenta . Estas empresas han reducido su velocidad de transporte y por tanto, el consumo de combustible hasta en un 30% siendo más competitivos por el ahorro en combustible y reduciendo considerablemente las emisiones.

Aún así, creemos que se puede ir un paso más allá y actualmente estamos en conversaciones con una empresa de navegación francesa que realiza rutas comerciales con barcos impulsados sólo por velas, con 0 emisiones de CO2.

Si tenéis curiosidad por este tipo de transporte os dejamos el link http://www.towt.eu/accueil/

2 Comments

  1. Increíble si conseguís finalmente traer el agua hasta aquí a golpe de viento :O He terminado en vuestro blog por la curiosidad que tenía con éso de que usáis agua de Iceberg, en principio no entendía la razón y además me preguntaba hasta qué punto es sostenible. La web la tenéis preciosa, la explicación me ha parecido súper interesante (yo también creo que tiene un valor más allá de lo anecdótico) y los jabones son una pasada <3

    • Muchas gracias por tomarte un tiempo para leer y conocer más en profundidad lo que hacemos. De verdad pensamos que hay una forma mejor de hacer las cosas y, por suerte, cada vez somos más los que pensamos así.
      Por cierto, nosotros también creemos que es una pasada lo del transporte internacional a vela 🙂

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *